domingo, 8 de mayo de 2011
sábado, 7 de mayo de 2011
viernes, 19 de marzo de 2010
Los comienzos del cristianismo
EL CRISTIANISMO
Antecedentes
Todas las religiones de las distintas épocas eran intentos de los hombres por alcanzar a Dios.
La historia del pueblo judío partió en cambio de forma diferente. Fue Dios mismo que se creó un pueblo. ¿Para qué? Con el objetivo de hacerse conocer en la historia. En un momento de la vida de este pueblo, aparecen los profetas que anuncian que Dios enviará un Mesías o Salvador. A partir de esa época (alrededor del siglo VIII a. C.) comienzan a esperarlo.
Los profetas daban una serie de indicios de cómo iba a ser el momento en que estuviera por aparecer el Mesías. Cuando llegó el siglo I a. C muchos de esos indicios parecía que se estaban cumpliendo y, de hecho, apareció un profeta, Juan el Bautista, que insistía a la gente para que se convirtiera porque la llegada del Salvador era inminente.
Un hecho histórico
Lo importante es que todo esto de lo que estamos hablando es un hecho histórico. Hablamos de un pueblo particular, que tenía una religión determinada, que vivía en un cierto lugar; hablamos de personas con nombre y apellido.
El cristianismo, no es una “doctrina religiosa” sino antes que nada, un hecho histórico.
¿Dónde ocurrió este hecho?
En Palestina. Era un territorio que desde el siglo I a. C. había sido dominado por los romanos. Pero los romanos le habían otorgado un privilegio: los judíos podían seguir teniendo sus autoridades y sus costumbres, con tal de que reconocieran a la autoridad de los romanos.
Así, el gobierno se organizó con:
- el procurador romano: que era el funcionario que controlaba todo.
- Un rey: de origen judío (o de alguno de los pueblos de alrededor)
- y el Sanedrín: que era un tribunal formado por sacerdotes del pueblo judío y que resolvía las cosas que tuvieran que ver con la vida del pueblo.
Más adelante, cuando comenzó el imperio, los romanos tuvieron otra consideración con los judíos. Cuando los emperadores empezaron a exigir que se rindiera culto a su persona –es decir que se los tratara como si fueran dioses -, los pueblos politeístas no tenían problemas, pero sí los judíos porque rendir culto al emperador implicaba renunciar a su monoteísmo. Entonces los romanos les dieron permiso para rezar por el emperador en el templo en lugar de rendirle culto.
Las autoridades judías esperaban al Mesías, pero también estaban bastante satisfechas del trato que habían conseguido con los romanos. Por eso, cuando cada tanto aparecía alguno que decía que era el Mesías, se alarmaban porque tenían miedo de que si muchos lo seguían, los romanos decidieran quitarles sus privilegios.
¿Cómo comenzó todo?
Una tarde, Juan el Bautista estaba predicando en la orilla del río Jordán y bautizando a la gente, cuando de repente señala a uno que se aleja caminando y dice “He aquí el cordero de Dios” y dos de los que estaban escuchando (Juan y Andrés) ven que señala a un hombre en especial y lo siguen. Esa tarde empezó una amistad que cambiaría la historia del mundo.
El hombre que se alejaba era Jesús, de la ciudad de Nazaret, descendiente de la familia de David, de la cual los profetas decían que vendría el Mesías.
Desde aquel día en que Juan y Andrés lo encontraron en el río Jordán, se hicieron amigos. Iban a visitarlo seguido. Otras veces él iba a pescar con ellos. El grupito se fue ampliando.
¿Por qué lo seguían? ¿Qué les llamaba la atención?
Lo que más impresionaba era que era totalmente un hombre y sin embargo, había en él algo de extraordinario. El modo en que sabía interpretar lo que la gente tenía en el corazón, la sabiduría con la que respondía a todas las trampas que le tendían los doctores de la ley, y sobre todo, el auténtico interés que tenía por todos (como aquella vez que escuchó a una mujer que lloraba porque se había muerto su único hijo, se le acercó – ni la conocía -, le dijo “no llores” y le devolvió a su hijo). Todo esto ya les parecía un milagro a quienes lo seguían, pero no eran los únicos. También había de esos otros “milagros” que escapan a toda lógica (como caminar sobre las aguas, o pedirle a la tormenta que se calme, etc.)
Todos estos hechos hicieron nacer en estos amigos una pregunta ¿quién es este? Era una pregunta rara porque sabían todo de él: cómo se llamaba, quién era su madre, dónde había nacido, cuál era su casa. Sin embargo todo esto no alcanzaba para comprender.
Finalmente él les reveló que era el Mesías. Y a ellos les pareció la explicación más satisfactoria.
Es muy importante entender quién era este Jesús: era un hombre que al mismo tiempo era Dios.
¿Por qué las autoridades judías se le opusieron?
Porque mucha gente empezaba a seguirlo y tenían miedo de que esto provocara problemas con los romanos. Por eso el Sanedrín decidió que era mejor condenarlo a muerte. Le hicieron un juicio, y finalmente lo condenaron por decir que era Hijo de Dios (lo cual era una gran ofensa para Dios). Pero para condenar a alguien a morir, se necesitaba que los romanos estuvieran de acuerdo. Por eso también lo llevaron a casa del procurador (Poncio Pilatos) ante el cual lo acusaron “de pretender ser rey de los judíos”. El cambio de acusación se debió a que buscaban una cosa que pudiera molestar más a los romanos.
Finalmente se decidió su muerte.
En el mes de abril del año 29, justo antes de la fiesta de Pascua, fue crucificado.
La Resurrección y el surgimiento de la Iglesia
Al tercer día, resucitó a comenzó a aparecerse a sus discípulos. Lejos de dispersarse estaban más unidos y entusiasmados que antes, aunque no se animaban a comunicarlo a la gente (porque creían que los iban a tomar por locos).
Así pasaron cincuenta días. Empezaba el verano, en el mes de junio y en esa fecha muchos judíos acudían a Jerusalén para la fiesta de Pentecostés (para agradecer por la cosecha). La ciudad estaba llena de gente que hablaba distintas lenguas.
Fue en ese momento cuando, El Espíritu Santo, descendió sobre ellos y les dio la fuerza para salir a anunciar lo que había pasado.
Ellos explicaban cómo todo lo que habían anunciado los profetas se había cumplido con Jesús.
Mucha gente empezó a seguirlos y así surgió
Los seguidores de Cristo, se consideraban a sí mismos, parte del pueblo hebreo, se reunían en el templo, rezaban los salmos con los demás y después se iban a la casa de alguno a celebrar la misa.
Las primeras persecuciones
Los primeros que persiguieron a los cristianos no fueron los romanos sino las autoridades judías. Habían mandado a matar a Jesús para terminar con el problema pero el problema seguía.
Entonces encarcelaron a algunos cristianos, les prohibieron hablar, e incluso en el año 36 lapidaron[1] a uno de ellos: Esteban, que de esta manera se convierte en el primer mártir[2].
La persecución tuvo un efecto inesperado: como para los cristianos no era seguro vivir en Jerusalén se trasladaron a otras ciudades y al poco tiempo, surgían también en ellas comunidades cristianas.
Uno de los más encarnizados perseguidores de los cristianos fue un judío llamado Saulo, que después se convirtió y terminó llamándose Pablo. El va a hacer muchos viajes por distintos lugares del mundo y va a ser un gran propagador de la fe cristiana.
En unos años, había comunidades de cristianos por Asia menor, Grecia e incluso en la misma Roma.
La persecución de los romanos
Los romanos al principio no tuvieron nada contra los cristianos, pero luego algunos emperadores empezaron a temer porque la nueva cultura que surgía con los seguidores de Jesús era mucho más humana que la de la misma Roma. ¿Y si todos abandonaban los viejos cultos y se pasaban a la nueva religión?
En julio del 64 se produjo un gran incendio en Roma, en el barrio pobre, de casas de madera. Muchos sospechaban del propio emperador, Nerón. El, para salir del paso, echó a su vez la culpa a los cristianos. La multitud enfurecida, salió a buscar a los cristianos y muchos murieron crucificados.
A partir de ese momento los emperadores persiguieron a los cristianos. Algunos se ensañaban más que otros pero durante más de dos siglos siguió este peligro.
Hubo muchos martirios (san Pedro, san Pablo, santa Cecilia, santa Inés, san Lorenzo, san Ignacio, etc.), pero siempre había más conversiones.
Los emperadores, para atrapar a los cristianos, ordenaban rendir culto a los dioses romanos. Los cristianos, se negaban y así eran detectados.
Los métodos para matarlos eran varios: a veces los crucificaban, otras los arrojaban a las fieras, en otras ocasiones los quemaban, los ahogaban o los decapitaban[3].
Durante este tiempo, los cristianos utilizaban las catacumbas (túneles abandonados de Roma) para celebrar las misas y enterrar a sus muertos.
En esos túneles empezó a desarrollarse el arte cristiano.
El final de las persecuciones
En el siglo IV un emperador, llamado Constantino, tenía que librar una batalla muy importante y le rezó a todos los dioses que conocía para que le fuera bien, inclusive al Dios de los cristianos.
Como ganó, decidió otorgar en el año 313 el Edicto de Milán, por el cual estableció que la religión cristiana era una religión permitida en el Imperio.
Más tarde, otro emperador, Teodosio, en el 391 dio otro Edicto, el de Tesalónica, por el cual el cristianismo pasó a ser la religión oficial del Imperio romano.
9- Lee el siguiente texto escrito por el obispo Ignacio de Antioquía cuando iba camino al martirio
Escribo a todas las Iglesias y anuncio a todos que voluntariamente muero por Dios si vosotros no lo impedís. Os ruego que no tengáis para mí una benevolencia inoportuna. Dejadme ser pasto de las fieras por medio de las cuales podré alcanzar a Dios. Soy trigo de Dios y soy molido por los dientes de las fieras para mostrarme como pan puro de Cristo. Excitad más bien a las fieras para que sean mi sepulcro y no dejen rastro de mi cuerpo a fin de que, una vez muerto, no sea molesto a nadie (...). Pedid a Cristo por mí para que, por medio de estos instrumentos, logre ser un sacrificio para Dios
Para mí es mejor morir para Jesucristo que reinar sobre los confines de la tierra. Busco a Aquél que murió por nosotros. Quiero a Aquél que resucitó por nosotros. Mi partida es inminente. Perdonadme, hermanos. No impidáis que viva; no queráis que muera. No entreguéis al mundo al que quiere ser de Dios, ni lo engañéis con la materia. Dejadme alcanzar la luz pura. Cuando eso suceda, seré un hombre. Permitidme ser imitador de la Pasión de mi Dios (...).
Luego responde:
a- ¿qué le pide este obispo a sus amigos y por qué?
b- ¿Qué piensa del martirio?